sábado, 4 de julio de 2015

Discurso del Papa emérito Benedicto XVI en su doctorado Honoris causa

Discurso del Papa emérito Benedicto XVI en su doctorado Honoris causa

“En este momento no puedo más que expresar mi más grande y cordial agradecimiento por el honor que me han reservado ustedes confiriéndome el doctorado honoris causa. Agradezco al Gran Canciller, su querida Eminencia el Cardenal Stanislaw Dziwisz, y las Autoridades Académicas de los dos Ateneos. Me alegra sobre todo el hecho de que de esta manera se haya hecho todavía más profunda mi unión con Polonia, con Cracovia, con la patria de nuestro gran santo Juan Pablo II. Porque sin él mi camino espiritual y teológico no es siquiera imaginable. Con su ejemplo vivo él nos ha mostrado como pueden ir de la mano la alegría de la gran música sagrada y la tarea de la participación común en la sagrada liturgia, la alegría solemne y la simplicidad de la humilde celebración de la fe. En los años del post-concilio, sobre este punto se manifestó con renovada pasión un antiquísimo contraste. Yo mismo crecí en Salisburghese marcado por la gran tradición de esta ciudad. Aquí las misas festivas iban acompañadas por el coro y la orquesta, que fueron parte integrante de nuestra experiencia de fe en la celebración de la liturgia.
Permanece indeleble grabado en mi memoria cómo, por ejemplo, apenas resonaban las primeras notas de la Misa de coronación de Mozart, parecía que el cielo casi se abriera y se experimentaba de manera muy profunda la presencia del Señor. Junto a esto, sin embargo, entonces ya estaba presente también la nueva realidad del Movimiento litúrgico, sobre todo a través de uno de nuestros capellanes que más tarde se convirtió en vice-regente y después en rector del Seminario mayor de Frisinga. Durante mis estudios en Múnich de Baviera, después, muy concretamente me introduje cada vez más en el interior del Movimiento litúrgico a través de las lecciones del profesor Pascher, uno de los más significativos expertos del Concilio en materia litúrgica, y sobre todo a través de la vida litúrgica en la comunidad del seminario. Así, poco a poco fue perceptible la tensión entre la participatio actuosa conforme a la liturgia y la música solemne que envolvía la acción sagrada, incluso si todavía no se sentía tan fuerte. 
En la Constitución sobre la liturgia del Concilio Vaticano II está escrito muy claramente: “Que se conserve y se incremente con gran cuidado el patrimonio de la música sacra”. De otro lado el texto evidencia, cual categoría litúrgica fundamental, la participatio actuosa de todos los fieles a la acción sagrada.
Aquello que en la Constitución está todavía pacíficamente junto, sucesivamente, en la recepción del Concilio, se convirtió a menudo en una relación de dramática tensión. Ambientes significativos del Movimiento litúrgico pensaban que, para las grandes obras corales e incluso para las misas para orquesta, en el futuro habría espacio sólo en las salas de concierto, no en la liturgia. Aquí hubiese sido establecido sólo para el canto y la oración común de los fieles. Por otro lado, existía consternación por el empobrecimiento cultural de la Iglesia que por esto hubiera tenido como resultado.  ¿Cómo conciliar las dos cosas?, ¿cómo hacer realidad el Concilio en su totalidad? Estas eran las preguntas que se me impusieron a mí y a muchos otros fieles, a gente sencilla y a personas en posesión de una formación teológica. A este punto quizás es justo hacer las preguntas de fondo: ¿qué es en realidad la música?, ¿de dónde viene y a qué atiende? Pienso que se pueden localizar tres ‘lugares’ de los cuales proviene la música. Una primera es la experiencia del amor. Cuando los hombres fueron atrapados por el amor, se dio en ellos otra dimensión del ser, una nueva grandeza y amplitud de la realidad. Y ella empuja también a expresarse de un modo nuevo. La poesía, el canto y la música en general nacieron de este ser ‘tocados’, de este quedar afectados por una nueva dimensión de la vida. Un segundo origen de la música es la experiencia de la tristeza, el ser tocados por la muerte, por el dolor y por los abismos de la existencia. También en este caso se producen, en dirección opuesta, nuevas dimensiones de la realidad que no pueden encontrar respuesta sólo en los discursos.
El tercer lugar del origen de la música es el encuentro con el divino, que desde el inicio es parte de lo que define al humano. La mayor razón es que aquí está presente totalmente el otro y totalmente lo grande que suscita en el hombre nuevos modos de expresarse. Quizás sea posible afirmar que en realidad también en los otros dos ambientes –el amor y la muerte– el misterio divino nos toca y, en este sentido, es el ser tocados por Dios lo que en conjunto constituyen el origen de la música. Encuentro conmovedor observar cómo, por ejemplo, en los salmos a los hombres no les basta sólo con el canto y se apela a todos los instrumentos: la música escondida de la creación se despierta, su lenguaje misterioso. Con el Salterio, en el cual obran también los dos motivos del amor y de la muerte, nos encontramos directamente con el origen de la música de la Iglesia de Dios. Se puede decir que la calidad de la música depende de la pureza y de la grandeza del encuentro con el divino, con la experiencia del amor y del dolor. Cuanto más pura y verdadera es esta experiencia, tanto más pura y grande será también la música que de ella nace y se desarrolla. En este punto querría expresar un pensamiento que en los últimos tiempos he tenido sobre todo cuando las diversas culturas y religiones entran en relación entre ellos. En el ámbito de las más diversas culturas y religiones está presente una gran literatura, una gran arquitectura, una gran pintura y grandes escultores. Y en todas partes está también la música. Sin embargo, en ningún otro ámbito cultural existe una música de igual grandeza a la nacida en el ámbito de la fe cristiana: desde Palestrina a Bach, de Händel hasta Mozart, Beethoven y Bruckner. La música occidental es única, no tiene iguales en las otras culturas. Esto nos debe hacer pensar. Es cierto que la música occidental supera en mucho el ámbito religioso y eclesial. Y sin embargo, encuentra su fuente más profunda en la liturgia en el encuentro con Dios.
En Bach, para el cual la gloria de Dios representa el fin último de toda la música, esto es del todo evidente. La respuesta grande y pura de la música occidental se ha desarrollado en el encuentro con aquel Dios que, en la liturgia, se hace presente a nosotros en Jesucristo. Esa música, para mí, es una demostración de la verdad del cristianismo. Allí donde se desarrolla una respuesta así, se ha dado el encuentro con la verdad, con el verdadero creador del mundo. Por eso la gran música sagrada es una realidad de rango teológico y de significado permanente para la fe de toda la cristiandad, también si no es necesario que sea realizada siempre o en cualquier lugar. De otro lado, está también claro que ella no puede desaparecer de la liturgia y que su presencia puede ser un modo del todo especial de participación a la celebración sagrada, al misterio de la fe.
Si pensamos en la liturgia celebrada por San Juan Pablo II en cada continente, vemos toda la amplitud de las posibilidades expresivas de la fe en el evento litúrgico; y vemos también como la gran música de la tradición occidental no es extraña a la liturgia, sino que ha nacido y crecido de ella y de este modo contribuye siempre de nuevo a darle forma.
No conocemos el futuro de nuestra cultura y de la música sagrada. Pero una cosa está clara: donde realmente se da el encuentro con el Dios viviente que en Cristo viene hacia nosotros, allí nace y crece nuevamente también la respuesta, cuya belleza proviene de la verdad misma.
La actividad de las dos universidades que me confieren este doctorado honoris causa representa una contribución esencial para que el gran don de la música sagrada que proviene de la tradición de la fe cristiana siga vivo y sea de ayuda para que la fuerza creativa de la fe también en el futuro no se extinga.
Por esto les doy las gracias de corazón a todos ustedes, no sólo por el honor que me han reservado, sino también por todo el trabajo que desarrollan al servicio de la belleza de la fe. El Señor les bendiga a todos”.

Pensamientos de la Madre Magdalena de Jesús, Carmelita descalza (1915-2012) I

Pensamientos de la Madre Magdalena de Jesús, Carmelita descalza (1915-2012) I


Publicaremos algunos pensamientos de la madre Magdalena de Jesús, carmelita descalza, que colaboró en importantes encargos con santa Maravillas de Jesús y que fue durante varios años priora del Monasterio de la Encarnación en Ávila (España).
Estos pensamientos fueron recogidos por quienes trataron con ella durante años. Están escritos en forma directa, y se dirigen a religiosas carmelitas concretas, en formas breves, casi como fichas de una madre espiritual a quien ha solicitado algún consejo.
Madre Magdalena de Jesús fue otra gran santa del carmelo teresiano, publicaremos sus pensamientos en varias partes. Cada pensamiento, a su vez, tiene su número propio.
Esperamos sirvan como conocimiento de un alma profundamente enamorada de Cristo, de la Virgen, de la Iglesia, y de su Orden, el Carmelo.

Pensamientos

1.- Acuérdese de dejarle su corazón metido en el Sagrario con Él, y en cuanto haga mañana, mírele con su mejor sonrisa llena de agradecimiento y coja su corazón cargado del amor que Él le ha  metido y reparta a todas las almas que lo esperan de V.C. (=Vuestra Caridad).

2.- Hija mía, ¡cuántas almas habrá esperando las regale con algo que le cueste, para no caer en el fango del pecado o para salir de él! Estoy encantada de que empiece a ser madura en el penar un poco por Cristo. ¡Viva nuestro Rey del alma que así la ama!

3.- Bese mucho la cruz, pero consciente de lo que hace. De ella nos vienen todos los bienes, y el mayor que es Cristo, que la eligió como lo mejor para morir en ella. V.C. muera en cada momento a todo lo que no sea Él y vera el lleno de su alma y su unión con su Jesús, aunque no lo sienta.

4.- Aprovéchese hasta de lo más pequeño, que eso ya no vuelve, y quedan los efectos para agradar a Cristo y santificar su alma. Mírele mucho a Él y no a V.C.

5.- Déjese crucificar con Él cuando Él lo necesite. Ámele mucho que se lo debe.

6.- Trabaje por sacar siempre la parte buena y positiva para su alma y así vivir esa intimidad con quien sabemos nos ama tan sin medida.

7.-Mire a este manso y divino Cordero, callado, sufrido, entregado a todo, dejarse tratar sin resistencia de cada uno. Trate durante estos días especialmente y siempre ser su consuelo, su cireneo, su ayuda, su refugio.

8.- Sí, hija mía, la humildad da paz, suavidad, confianza, optimismo, viéndose nada pero pudiéndolo todo en Él. Tenga la seguridad de no equivocarse si no hace su propia voluntad, ya que el humilde no se cree capaz de nada propio y por lo tanto todo lo espera de Él.

9.- No se desanime, pues la humildad según va creciendo en el alma, la pondrá en total vacío de sí, y en el vacío, ¿qué se ve? nada, pero ¡cuando Él empieza a llenar…!

10.- Haga vacío de la memoria y la imaginación y siga viviendo minuto a minuto pendiente de Él. Háblele y pregúntele qué quiere de V.C. y sobre todo ámele aunque no lo sienta. Si Tú estás contento yo me vuelvo loca.

EL IDEAL DE MADRE MARÍA PILAR DE JESÚS

MI IDEAL

Mi ideal: ser Jesús.
Transformarme en Jesús por el Espíritu Santo.
Ser para el verbo, como una humanidad suplementaria en la que Él pueda renovar su misterio; misterio de amor, de adoración, de acción de gracias, de alabanza al Padre.
Ser como Jesús, Gloria del Padre, redención para las almas, nada para mí misma.
Jesús era feliz, veía a Dios,
yo soy feliz, creo en Dios.
Jesús sufría por las almas,
yo sufro por las almas.
Quienes nada hacen por Él,
yo nada hago por mí.
Todo canta la Gloria de Dios.
Todo contribuye al bien de los elegidos.
Felicidad infinita de Dios.
Felicidad inmortal del Hijo de Dios.
Infelicidad es igual Infidelidad; no hay otra causa.
La noche, la tentación, la prueba exigen tanto mayor fidelidad cuanta mayor es su intensidad.
A tanta mayor fidelidad, tanta mayor felicidad;
tanto más nada en mi misma,
tanto más redención para las almas;
tanto más Gloria del Padre,
tanto más Jesús.

ORACIÓN COMPUESTA POR MADRE MARÍA PILAR DE JESÚS

MI ORACIÓN DEL DOMINGO

Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en Él.
Jesús mi adorado esposo, yo te consagro este día del Señor. Ayúdame a santificarlo totalmente para gloria de la Santísima Trinidad, para bien de la santa Iglesia y para provecho de mi alma. Que te acompañe junto al Sagrario cuanto me sea posible. Ayúdame a pasarlo en adoración y amor continuos. Que viva mis domingos como tú vivías tus sábados con María y José en Nazaret, que dé a mi alma cuanto necesite y apetezca para que salga de este santo día saturada de tu gracia y de tu santidad; que si por mejor ocuparlo hago alguna cosa, sea para tu mayor gloria y reposo de mi alma y aún de mi cuerpo. Bendice Rey mío y haz fecundo mi descanso de hoy y mi trabajo de la próxima semana. Hazme siempre y en todo fiel. Amen.

jueves, 2 de julio de 2015

SEÑOR DE CHOCÁN DE QUERECOTILLO

EL SEÑOR DE LA BUENA MUERTE DE CHOCÁN

                                                                                              Pool Alexander Castillo Valiente


INTRODUCCIÓN
No cabe duda que la fiesta religiosa en los pueblos se trata de un momento fecundo para agradecer a Dios las gracias recibidas, así como también un momento de súplica de la protección divina para satisfacer necesidades básicas. En este sentido, la fiesta religiosa alimenta la esperanza de transformar la realidad. Estas dos vertientes parecen coexistir y estar en mutua tensión. La alegría y la súplica  se entremezclan y manifiestan en la gente sencilla un gran fervor y un anhelo profundo por encontrarse con lo totalmente otro, con lo trascendente.
En la sencilla mentalidad del pueblo la celebración religiosa apunta concretamente hacia una vida mejor,  la fiesta religiosa es para asegurar que la vida se ponga mejor, ella dinamiza una esperanza realista concreta en el aquí y ahora: para que haya una buena cosecha, para que el ganado no se muera, para que la vida mejore, pero  a su vez supera la inmanencia y trasciende, haciendo -de maneras hasta a veces enigmáticas- que el hombre se convierta de corazón a su Señor  y de busque una vida mejor pida la Vida verdadera que viene del Creador trascendente. La Fiesta religiosa popular manifiesta la cercanía de Dios, el totalmente otro está entre nosotros; y el cristianismo que se profesa en nuestros pueblos reafirma lo dicho, no sólo está entre nosotros  a manera de evocación y creencia como en otras confesiones, sino realmente estuvo, está,  y estará entre nosotros, por eso la fiesta nos remite a Él.
Así pues con el advenimiento de la Conquista y Colonización del territorio de los Tallanes y Vicús  y con ella la catequización, se introdujeron y conformaron las primeras instituciones religiosas encargadas de las celebraciones y festividades religiosas en el pueblo de Piura. Una vez más traeré a colación mi arquidiócesis.
Estas se han mantenido a través de la historia, reviviendo cada año las celebraciones, procesiones y costumbres, así como la fe y demostraciones litúrgicas del Cristianismo. Una de las costumbres típicas de las festividades religiosas que exalta y da majestuosidad hasta hoy es la celebración de la Semana Santa, la celebración del Sr. Cautivo de Ayabaca y la Procesión de los Santos.
Estas fiestas resaltan el sentimiento religioso, pero lamentablemente, y es tarea nuestra purificarlas, tienen lastre de  paganismo en una serie de costumbres.
En el departamento de Piura, al igual que otros departamentos cada una de las provincia también celebra festividades religiosas muy particulares de sus santos patrones así tenemos por ejemplo que la provincia de Talara a San Pedro y San Pablo, en Sechura a Nuestra Señora de la Luz y a San Jacinto, en Piura a San Miguel, Arcángel,  Paita se llena de gente para celebrar en el puerto la Fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, llamada "Gran Mariscala y Patrona de las Armas del Perú", y también "Estrella de la Evangelización¨, Ayabaca al “Rey de los Peregrinos”, patrón de todo el departamento, al Señor Cautivo de Ayabaca, Huancabamba a la Virgen del Carmen y, finalmente  Sullana celebra al Señor  de la buena muerte de Chocan, fiesta que debe constituirse en la tercera en importancia en la región, sin embargo hoy está venida a menos, por eso es mi deseo que esta investigación colabore a que la devoción a ésta advocación  de Nuestro Señor se arraigue otra vez con fuerza en el corazón no sólo de los piuranos sino de todos los que la lean.
UBICACIÓN GEOGRÁFICA DE UN LUGAR LLAMADO CHOCÁN
Para hablar del Señor de Chocán hay que ubicarnos, en primer lugar en Piura, departamento ubicado al noroeste del país, en su interior alberga a ocho provincias, dos de las cuales  son serranas: Ayabaca y Huancabamba, tres son provincias costeñas o litorales: Paita, Talara y Sechura, dos se ubican en los llanos: Piura y Sullana, y, finalmente la provincia de Morropón combina zonas de costa y sierra.
Para acercarnos más es preciso viajar 39Km de la Capital Piura a la provincia de Sullana y de allí al distrito de Querecotillo. Chocan es una Hacienda perteneciente al distrito de Querecotillo de la provincia de Sullana, enclavada, en el valle del Chira, a la margen derecha del río de este nombre. Es una porción, como otras muchas, desprendida de la antigua gran hacienda de Tangarará, y muy célebre por sus tierras que están principalmente dedicadas al cultivo de algodón.
Chocan a la derecha, y Somate a la izquierda del río, son el término de la navegabilidad de éste. El cauce, en esta hacienda, se amplió de tal modo, que la profundidad casi desaparece, la corriente se convierte en superficial y ni botes ni canoas pueden ya atravesarlo. Pero en temporadas del fenómeno del Niño soporta el incremento del caudal ocasionando grande pérdidas económicas y materiales.
Regada por el canal de Chira o de Checa así llamado por el nombre de su constructor. Su riego está bien organizado, y produce una vegetación maravillosa, sus frutos son afamados (algodón, maíz, plátanos, yucas, camotes, mangos, papayas).
HISTORIA DE LA VENERADA IMAGEN DEL SEÑOR DE LA BUENA MUERTE DE CHOCÁN
Según refiere la tradición, hace más de cuatrocientos años, desde las postrimerías de la época Conquista española, a orillas del ya mencionado río Chira, en el sitio llamado Chocán que, para agregar más datos,  se sitúa en la  que siguió Francisco Pizarro desde Poechos, el Querecotillo actual,  hasta Tangarará a fundar la primera ciudad hispana en el Pacífico sur, un hombre encontró un pesado madero cuya  corteza le cautivó por su lisura y aspecto pintoresco; él sintió curiosidad por el hallazgo y quiso saber  con qué clase de madero se había topado; descargó un primer hachazo sobre el tronco y fue enorme su sorpresa al notar que de la escisión brotaba un líquido rojo como la sangre. Suponiendo que podía tratarse de un milagro comunicó de inmediato a sus paisanos el suceso, en el acto medio Chocán  se dio cita en el lugar de los hechos y cargaron con el pesado madero a una choza cercana, esperanzados en que algún día Dios enviara un escultor que pudiera tallar una imagen religiosa.
La historia continúa cuando un día apareció por la casa del descubridor del tronco un hombre que  “de buenas a primeras” se ofreció a esculpir una imagen del Señor, pero con la sola condición de que se le dejara trabajar con  total tranquilidad y alejado de la mirada de los curiosos, y si el lugar era solitario y cerrado, era mejor, además rechazó la comida pues solo quería alimentarse de lo que llevaba en la alforja.
Al cabo del tiempo fijado para la obra, tres días, el hombre fue a  recibir  la imagen, pero grande fue su sorpresa al no encontrar al escultor y sí, en cambio, una preciosa pieza de arte: un Cristo crucificado. La noticia cundió rápidamente por todo el valle del Chira.
Los lugareños extrajeron la escultura de la oscura celda, y en el sitio cercano a un cerrillo donde fue hallado el madero, construyeron una capilla de barro y paja, donde fue colocada y venerada la imagen de Nuestro Señor crucificado. Pronto empezaron a celebrarle con gran pompa su festividad. La noticia llegó a oídos del sacerdote y autoridades de Querecotillo, quienes visitaron el poblado de Chocán, quedando maravillados de la belleza y acabado de la escultura. Considerando injusto venerar tan preciosa y milagrosa imagen en un sitio rústico, ordenaron su traslado a Querecotillo.
Cuenta la historia que cuando por primera vez se pretendió alzarlo fue tan grande su peso que hizo desistir del propósito a quienes lo intentaron, consiguiendo su traslado sólo después de muchos años a la iglesia de Querecotillo. Pero llevarse la imagen no fue nada fácil para los querecotillanos porque, en primer lugar, los chocanos se resistieron a que se les despojase de tan preciado  legado de Dios; segundo, porque cuantas veces se la pretendió trasladar a su nueva morada, la imagen reaparecía en su rústica capilla que, finalmente, sucumbió tras un incendio, que según versiones antojadizas fue mandado a producir por las autoridades de Querecotillo. Sólo así se pudo lograr que la sagrada efigie quedase definitivamente en Querecotillo. Estos hechos acontecieron en el año 1712.
Desde ese año se celebraron dos festividades, una en el mes de octubre, que posteriormente fue cambiada a febrero, el día dos para ser exactos, pues según se cuenta, los devotos mismos pidieron el cambio, por ocurrir en esa fecha un milagro importante; y la otra en diciembre, también conocida como Feria de Navidad.
La fama del Señor Milagroso había llegado a los lugares más apartados del Perú y arribaban gentes de diferente estatus social a venerarle, incluso de países vecinos, en especial Ecuador. Pero, quizá, quienes le visitaban con mayor fervor y asiduidad eran los sechuranos y cataquenses, quienes cargados de velas e incienso llegaban a Querecotillo al son de bandas musicales, trayendo medallas al Señor, se arrodillaban  ante la efigie y dormían   a los pies de ella, en cada misa o procesión estos bajo piuranos  vestían artísticamente la imagen con prendas de oro; al cabo de seis días regresaban a su tierra llevando como preciado tesoro  un trozo de algodón con el cual había sido limpiado el rostro del Milagroso Señor al que llamaban Nuestro Padre Señor de la Buena Muerte de Chocán de Querecotillo; al despedirse lloraban tristemente  pidiéndole les conservara la vida hasta el otro año, para volver a verle.
 Hay que resaltar que ante esta imagen se celebró el Te Deum  de la proclamación de la independencia nacional, por parte de los querecotillanos,  el 11 de enero de 1821, seis meses antes que en Lima y siete después de que lo hiciera Piura. También ante ella se encomendaron las tropas peruanas, al mando del General Santa Cruz, a su paso por Querecotillo hacia Pichincha, donde derrotaron a las tropas realistas, el 24 de mayo de 1822. También hay que decir que la iglesia del Señor de la Buena Muerte de Chocán contribuyó con 72 pesos anuales para la campaña de la Independencia en 1823.
Hacia 1826, el párroco de la villa de Sullana, en aquel tiempo llamada La Punta,  a la cual pertenecía eclesiásticamente, el distrito de Querecotillo, quiso obligar a los querecotillanos a festejar las festividades de Navidad y la de Dos de febrero  en la destruida iglesia de Chocán y , desde luego, restituir  a dicho sitio la imagen. Los querecotillanos empeñados en conservar la preciada imagen enviaron expedientes al Presidente el Mariscal Ramón Castilla y al obispado de Trujillo, logrando su cometido de tener en su posesión indefinidamente la imagen en la iglesia de Querecotillo.
Por orden del obispo de Trujillo, la sagrada efigie estuvo a punto de ser trasladada a Lima, pues según el referido, Querecotillo era una ciudad rústica y, por ello, no merecía albergar a una imagen tan poderosa. Pero cuando embarcaban en el Puerto de Paita, el Señor “se negó a embarcarse”, y tuvo que devolvérsele al santuario donde aún está.
Otro intento de sacar al Señor de Chocán de Querecotillo se produjo en 1899 cuando el prefecto de Piura, Don Ernesto Zapata, quiso trasladarla a la Iglesia Mayor de la capital de departamento; ante esto, los vecinos salieron armados de todo lo que encontraron, impidiendo de esta manera el cumplimiento de la orden del prefecto.
Dentro de los milagros más portentosos atribuidos al Señor de Chocán, destaca el procurado a Don José Bustamante, vecino notable de Loja (Ecuador), quien regresaba de Lima desahuciado, pues hacía tiempo había perdido la vista; alguien le recomendó que fuera a postrase a los pies de la imagen, rogándole su mejoría; así lo hizo, se dejó conducir hasta la iglesia que estaba llena de fieles en la Feria de Navidad, lloró ante el crucificado, implorando el milagro, quedando curado en el acto. Como otro milagro  portentoso  se enumera la curación de un escultor del sur del Perú que estaba paralítico, pidió que lo condujeran a  la iglesia  para rogarle su mejoría al Señor, saliendo de ella caminando sin ninguna dificultad.
A las 11 de la mañana del jueves 11 de diciembre de 1930 se produjo un hecho tremendamente  doloroso para los querecotillanos, un pavoroso incendio se produjo en la iglesia del Señor de la Buena Muerte de Chocán y, a pesar de los denonados esfuerzos de los hombres querecotillanos, no se pudo evitar que la efigie tallada por aquel misterioso hombre  a orillas del Chira fuera consumida por las llamas, quedando únicamente de ella  un dedo.
Aquella terrible noticia llenó de tristeza a todo el norte del Perú. Las mujeres se pusieron sus polleras negras y sus mantos del mismo color, y de todas partes llegaban mujeres y hombres a llorar al Buen Muerto. Durante muchas semanas el pueblo lloró “la buena muerte” del Señor de Chocán.
La Iglesia fue reconstruida gracias al material entregado por el gobierno del General Sánchez Cerro, que era devoto y conocedor de la gran tradición del milagroso  Señor de la Buena  Muerte de Chocán. Sin embargo, para la reposición de la imagen por otra similar se hicieron colectas públicas. A través del ciudadano español residente en Sullana  Don Francisco González Aguirregaviria, se mandó a hacer una réplica a Victoria, España; entregándosele al escultor una nítida fotografía del original. A esta réplica  se le insertó el dedo que había quedado del original, que a su vez sirvió para darle  el color y tamaño que había tenido el primer Señor.
La nueva imagen del Señor de la Buena Muerte fue traída en 1932 de España a Perú, en el  vapor “Orbita”. Al llegar la embarcación al canal de Panamá había una tempestad que impedía el paso  de varios vapores; pero la nave en que venía el Señor de Chocán, pasó el canal, sin ninguna dificultad; las demás embarcaciones  en ese instante no pudieron pasar porque la  tempestad se hizo más impetuosa. Éste es el primer milagro atribuido a la nueva imagen del Señor. Muy pronto en Paita y en otros lugares se hizo noticia de lo que había sucedido en Panamá.
En 1954 el Señor de la Buena Muerte de Chocán fue en peregrinación a Talara a fin de colectar óbolos para la refacción de las torres de su iglesia. Una comisión integrada por los directivos de las Sociedades de “Navidad” y “Dos de Febrero” fue la encargada de llevar la efigie a Talara. Acomodaron con paños a la imagen en un cajón, dejando libre un  espacio de 10 centímetros por cada extremo de la santa cruz, a fin  de poderla sacar con facilidad. Subieron el cajón y el anda en el camión del devoto Don Antonio San Martín, que en seguida partió rumbo a Talara. Dicha comisión la presidía el párroco de Querecotillo, R.P Telmo Vegas. Al llegar a Talara Alta, recibieron al Señor unas 4, 000 personas. Bajaron el cajón, sacaron la imagen y la colocaron  en el anda que llevaban, luego llevaron en procesión al crucificado a la iglesia de Talara.  La imagen llegó a Talara un día sábado, recorrió en multitudinaria procesión el domingo, y el día lunes el padre Telmo resolvió que había llegado el momento de volver a Querecotillo, pero por  alguna extraña causa la sagrada escultura no cabía en su baúl, ante este suceso los talareños pidieron que el Señor permaneciera un tiempo más en su tierra, pero el padre Vegas no accedió porque la licencia de la autoridad eclesiástica  había ya expirado. Vieron la manera de  colocar la imagen poniendo unos tacos de madera para ponerlos en el fondo del baúl sobre los cuales la Cruz descansara en declive de 20 centímetros, le pusieron la tapa que no cerraba bien. En seguida subieron el baúl al camión y volvieron  a Querecotillo. Al llegar a Querecotillo una gran  cantidad de fieles lo recepcionaron a la entrada del pueblo. El párroco, en el atrio de la iglesia, les habló de la gran manifestación de fe en Talara para con el patrón  de Querecotillo. Al día siguiente al abrir el baúl hubo una gran sorpresa para el párroco y los de la comisión, de que la santísima  cruz estaba bien colocada dentro del baúl, de la manera en que fue acomodada antes de ir a Talara.
Desde aquella peregrinación por Talara la devoción para con el Señor de Chocán tomó más fuerza.
Es sabido también que en siglo XIX la sagrada imagen del Señor de Chocán recorría procesionalmente por Sullana, sin embargo los querecotillanos se rehusaron a que esta práctica se continuara produciendo, pues pensaban que los sullanenses querían apoderarse de la imagen; muy tristes los sullanenses recibieron la noticia de que el Señor de Chocán no recorrería más por sus calles. No obstante, Dios consoló al pueblo de Sullana  pues de España arribó  una talla también de un Cristo Crucificado, al que le llamaron el Señor de la Agonía.
En épocas  recientes la devoción al Señor de Chocán  parecía haberse enfriado, pues la Feria de Navidad dejó de celebrarse, quedando únicamente la Feria “Dos de febrero”, siendo esta última muy poco concurrida.  Para reavivar la devoción que en antaño fue muy fuerte, la sagrada imagen  peregrinó  en el 2004 a la ciudad de Piura para la clausura  del “Año del Rosario”; en el 2009 peregrinó por Sullana mientras se realizaban trabajos de refacción en su santuario. En el año 2010, el arzobispado de Piura organizó el congreso eucarístico y mariano “Quédate con nosotros Señor”, donde  juntamente con las sagradas imágenes del “Señor Cautivo peregrino” de Ayabaca  y de “Nuestra Señora de las Mercedes” de Paita, la imagen del “Señor de la buena muerte de Chocán” de Querecotillo, arribó al estadio “Miguel Grau” de Piura para presidir las cesiones del Congreso.
Entre los años 2009 y 2012, gracias a las iniciativas del reverendo padre José Chero More, párroco de Querecotillo, la devoción nuevamente cobró fuerza,  cientos de peregrinos  invadían las calles de Querecotillo en el mes de febrero para seguir  las andas del Señor de Chocán.
Finalmente hay que resaltar que, aunque las peregrinaciones a Querecotillo no sean tan numerosas como en antaño, la devoción se ha extendido en varios pueblos y se ha arraigado en ellos, así pues  los pueblos de Tumbes como San Juan de la Virgen y Tacural lo tienen como patrono,  también hay arraigada devoción en el bajo Piura,  Paita, Sullana y Talara; lo más seguro es que los piadosos peregrinos que visitaban Querecotillo hayan llevado la devoción a su pueblo natal y que  en torno a ésta se hayan empezado a organizar festividades con connotaciones propias de estos pueblos.

Finalmente diremos que la devoción al Señor de la buena muerte de Chocán es la tercera con mayor raigambre e importancia en Piura, detrás del “Cautivo” y la “mechita”, y por ello considero es deber de todo fiel católico propagar y defender la devoción a esta sagrada advocación del Señor.
BIBLIOGRAFÍA

NOLE SÁNCHEZ, José del Carmen.- Historia y novena, Señor de la Buena Muerte de Chocan. Querecotillo, Municipalidad Distrital de Querecotillo. Impresiones generales “san Andrés”.
sullanaweb.blogspot.com/2011/01/c.html‎

MONSEÑOR FORTUNATO CHIRICHIGNO SDB, PRIMER OBISPO DE PIURA

MONSEÑOR FORTUNATO CHIRICHIGNO  SDB, PRIMER OBISPO DE PIURA

                                                                            Pool Alexander Castillo Valiente



En los comienzos de la obra salesiana en el Perú y en Piura

Apenas habían transcurrido 4 años de la muerte de Don Bosco, cuando, llegaron los salesianos al Perú y, después de algunos meses de ambientación, el 8 de diciembre de 1891, como primera obra fundaron el Oratorio del Rímac. Eran los 50 años del primer Oratorio de Valdocco.

El 8 de diciembre, día de la Inmaculada, día en que también Don Bosco empezó su obra, los Salesianos del Perú iniciaron el Oratorio que pronto llenó de vida los barrios bajopontinos.

Los Salesianos fueron a habitar una casona en la calle Madera, cerca al Rímac, hemos dicho, propiedad también de la Beneficencia Pública de Lima, hoy convertida en Asilo de ancianos. Allí iniciaron el Oratorio Festivo, la niña de los ojos de Don Bosco y de todo Salesiano. Al año siguiente, El 15 de agosto de 1892, se inaugura el internado para los artesanos, llegando a tener en ese mismo año 40 internos, se da inicio así a la Escuela de Artes y Oficios con tres talleres: sastrería, carpintería y zapatería. Al frente de la zapatería estaba un emigrante italiano, José Michi, quien encontrándose a gusto en el pobre e incipiente oratorio, decidió quedarse para siempre y se hizo Salesiano. Fue el primero en tierras peruanas en dar su nombre a la Congregación. No faltó la banda de música, el teatro y todo lo que hace que un oratorio, mientras se preocupa de la formación general del muchacho, tenga también ese tono de alegría que le ha merecido el nombre de festivo.

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Entre los artesanos de carpintería estaba Octavio Ortiz Arrieta, el primer joven peruano que se hizo Salesiano y que más tarde sería fundador de la obra salesiana en Piura, director en varias casas y luego Obispo de Chachapoyas, muerto en olor de santidad. Junto con él, se hizo salesiano el oratoriano Fortunato Chirichigno, quien llegó a ser el primer Obispo de Piura y Tumbes y primer obispo peruano de la familia salesiana, de quien nos ocuparemos ahora.

Como vemos la vocación del primer obispo de Piura nació en  el oratorio de Don Bosco, por ello es necesario hacer presente la historia de la Presencia Salesiana en estas cálidas tierras. Ésta se remonta aproximadamente al año 1900, nueve años después de que los primeros salesianos arribaran a tierras peruanas, cuando don Juan Hilarión Helguero, y otros notables vecinos, conjuntamente con el Párroco de la ciudad P. Manuel Ríos, veían la necesidad de traer a nuestra ciudad a los Hijos de Don Bosco, para el establecimiento de una Escuela netamente salesiana, cuya metodología ya era bastante conocida en esa época.

Mientras tanto en Lima, en 1905 una necesidad hondamente sentida, más no bien satisfecha todavía, inspiró al Congreso Nacional la aprobación de una ley por la que se decreta el establecimiento de una Escuela de Artes y Oficios en cada capital de Departamento, para formar obreros hábiles, profesionales y técnicos en los diferentes oficios, a fin de abrir nuevos horizontes y vasto campo de acción a la juventud de las clases populares. La nueva ley vino a dar forma al proyecto que tenían en mente los piuranos.

Por Obra y Gracia de Dios, circunstancialmente el barco en el que viajaba el P Alfredo Sachetti, por entonces director del Colegio Salesiano de Arequipa con destino a Roma, por causas imprevistas se vio obligado a permanecer en el puerto de Paita por tres días. Tiempo que aprovechó, el religioso para conocer y visitar la ciudad de Piura. Enterado de su presencia, don Juan Hilarión Helguero, don Francisco Eguiguren entre otros notables vecinos aprovecharon su breve estadía, para celebrar en pocas horas una sesión en la Municipalidad y otra en la Junta Departamental a fin de conocer y aprobar el proyecto de contrato para la llegada de los salesianos y que el referido P. Sacchetti, gentilmente había aceptado llevarlo para cursarlo en Turín (Italia) y alcanzar su aprobación.

Así  el 19 de febrero de 1906 llegaron a Piura los primeros Salesianos: los clérigos, aún no eran sacedotes, Maximiliano Mayer, Octavio Ortiz Arrieta y Daniel Carpio, acompañados por el Padre Inspector Ciríaco Santinelli y el confesor P. Francisco Gioanola; Fortunato Chirichigno no llegó con este primer grupo de salesianos. Todos ellos fueron recibidos y acogidos con gran júbilo en una casa, aunque vetusta, lo bastante amplia para comenzar el año escolar. Esta casa fue gentilmente cedida por D. Juan Hilarión Helguero a los Salesianos y formó parte del solar donde más tarde se comenzó a levantar el nuevo edificio. Como Director y fundador del Colegio fue designado el aún clérigo Octavio Ortiz Arrieta.
Recién  veinticinco años después de la llegada de los salesianos a Piura el R. P. Fortunato Chirichigno Pontolillo fue nombrado director del colegio Salesiano de esta Ciudad, fue el sétimo director y su periodo como máxima autoridad fue de 1931  a 1937
Como director del colegio gestionó y obtuvo el funcionamiento de la Secundaria de éste, la misma que se obtuvo mediante la  Resolución Ministerial Nº  4101 del 31 de Junio de 1935. Así mismo inició la construcción del templo de María Auxiliadora el 04 de Junio de 1933, fecha en la que el R. P. Inspector José Reyneri después de celebrar la Santa Misa en el propio lugar colocó la primera piedra del templo, obra que vio concluida  siendo ya obispo de Piura.
A él le Correspondió ser el iniciador de las fiestas  de María Auxiliadora en su actual templo.  Al año siguiente todos los festejos se realizaron en la nueva construcción que poco a poco iba tomando forma.

Excelentísimo y Reverendísimo monseñor Fortunato Chirichigno Pontolillo

Hasta ahora hemos visto como la Divina Providencia fue actuando a finales del siglo XIX y principios del XX para concederle a la futura diócesis de Piura a su primer obispo, pero quién fue tal, es lo que vamos a describir ahora.

Fortunato Chirichigno nació en Lima el 20 de Mayo de 1880, sus padres fueron   don Miguel Chirichigno y doña Virginia Pontolillo.   Fue escogido por el Padre Pane,  de entre los oratorianos, junto a  once compañeros para seguir la formación sacerdotal salesiana. Entre estos figuran Julio Cuadros (el primer alumno matriculado en el oratorio) y  Octavio Ortiz Arrieta. No hay que confundir ser oratoriano con ser salesiano es decir pertenecer propiamente a la sociedad de don Bosco. Profesó en la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco el 28 de octubre de 1899 en Chile, y fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1910; ese mismo año se graduó de doctor en teología en la universidad Mayor de San Marcos. De 1924 a 1931 fue director de la casa de formación salesiana de Magdalena del Mar; de 1931 a 1938 fue director  del Colegio Salesiano de Piura, Además dictaba clases de religión en el colegio San Miguel. Instituciones donde se había ganado el cariño y la admiración de muchos piuranos, era muy apreciado.

 Por aquel entonces el diputado por Huancabamba doctor José  Ignacio Portocarrero Carrasco, a pedido de numerosas instituciones religiosas de Piura y en vista de que el territorio del actual  arzobispado de Trujillo era muy extenso presentó el proyecto de Ley  para segregar a Piura del mencionado arzobispado. Ley que el presidente Oscar R. Benavides  promulgó el 18 de junio de 1936. El Gobierno había hecho su parte, pero para que el obispado funcionara se necesitaba que Su Santidad emitiera una Bula en tal sentido.  Eso tardó varios años.

Mientras tanto, el sacerdote salesiano Fortunato Chirichigno Pontolillo, de quien nos ocupamos, y que reiteramos,  que hasta hacía poco había sido director del colegio que la congregación tenía en Piura, fue nombrado el 17 de junio de 1939 Administrador Apostólico.

Fueron muchas las gestiones que a nivel departamental y nacional se hicieron ante la Santa Sede.  Así, mediante la Bula de 29 de febrero de 1940 “Ad Cristianse plebis spirituale”,  Su Santidad  Pio XII  declara segregados  y desmembrados los territorios  de Piura y Tumbes, de la Diócesis de Trujillo.   Por fin el 15 de diciembre de 1940, monseñor Chirichigno fue preconizado Obispo de Piura, recibiendo la consagración episcopal el 2 de marzo de 1941 en solemne ceremonia que se realizó en la Catedral de Lima.

Ya investido de su alta dignidad eclesiástica, el obispo llega por vía aérea a Talara y de allí por tierra arriba a Sullana en donde se le tributa una gran bienvenida.  La caravana con monseñor Chirichigno al ingresar a Piura, encontró una enorme muchedumbre que lo esperaba y luego lo recibió con grandes demostraciones de júbilo.

Entre las características que presentaba el Primer obispo de Piura podemos señalar que poseía “alma de niño” unida a un don de gentes maravilloso; además  fue un prelado  muy consciente de la alta misión que  el Señor le había confiado y que él se propuso llenarla con profunda exactitud; según atestiguan los que le conocieron fue un padre y pastor, según el corazón de Cristo, para sus sacerdotes y aspirantes al sacerdocio; sin embargo, también supo discernir correctamente ante hechos que podían empañar la fe católica. Junto a todo ello se le conoce un profundo y especial amor por la santísima virgen María, en su advocación de Auxilio de los cristianos, de esto hace referencia la revista Cincuentenario de la Familia Salesiana de Piura 1906 -1956, haciendo memoria de él: “ He aquí a la que fue gloria de tu vida, María Auxiliadora, encantadora como tus sueños infinitos, fuerte como tu espíritu muy arriba de tus ansias, como las cumbres que escalaste, y perdurable, como fue el dolor que iluminó tus días”.

Hemos dicho que  a Monseñor Chirichigno no le faltó la luz del Espíritu Santo para discernir lo que provenía de  Dios o no, pues ahora relatamos un caso donde se puso a prueba el discernimiento   y buen juicio del primer “episcopus piurenses”. Conocida  era ya la devoción que congregaba a cientos de peregrinos en Lambayeque  donde la famosa Cruz de Chalpón; sin embargo, en la época en que regía la diócesis monseñor Fortunato  Chirichigno, también en Chulucanas se veneraba  una cruz, llamada la Cruz de Campanas que en pocos años había logrado tal predicamento entre los fieles, que en masa acudían a venerarla. Campanas era una hacienda ubicada a pocos kilómetros al Este de Chulucanas, que al igual que todas las de su sector se dedicaba al cultivo del algodón.  La cruz era un madero de algarrobo que semejaba una cruz, lo que no es raro en un árbol como el algarrobo.  Pero la cruz tenía un propietario, el cual se había encargado de arreglarla y lijarla para darle mejor forma.  Pronto se corrió la voz  de que habían sido concedidos  “milagros” a números peregrinos, lo cual la feligresía creyó rápidamente.  El obispo monseñor Fortunato Chirichigno, fue informado rápidamente de lo acontecido: todo parecía marchar bien, sin embargo, habían una serie de cabos que quedaban sueltos en la pretendida devoción, primero las ganancias que se reportaban en favor del dueño de la cruz y luego no se tenían pruebas de que los referidos milagros se hubieran producido de verdad, agotando todas las salidas viables para autenticar el culto, el obispo concluyó  de que se trataba de un negociado que explotaba un culto, por decirlo así, no verdadero, por cuyo motivo emitió un decreto episcopal, declarando idolatría el culto que se tributaba a la Cruz de Campanas.  El obispo recurrió al prefecto Teófilo Ibarra, solicitándole la destrucción del madero, y la autoridad política envió al capitán de Policía Conrado Ruiz Oliva que había tenido destacada actuación el año anterior con ocasión del conflicto con Ecuador.  En Chulucanas estaba en ese tiempo de párroco el Padre Justino Ramírez, el que como es fácil suponer acató lo dispuesto por monseñor Fortunato Chirichigno. Pero no todos estaban de acuerdo, Bruno Arellano y su hermano Sacramento, que eran propietarios de la cruz, se resistieron y soliviantaron al pueblo que en masa se congregó tratando de impedir la acción policial.  El asunto sirvió de base política al que fue futuro diputado Donatilo Arellano de Morropón, que protestó y pidió  la devolución de la cruz.  Esta había sido llevada a Piura  y, al parecer, fue quemada en esta ciudad. Con eso terminó el obispo con algo que parecía contagiante, pues en varios lugares habían aparecido cruces  “maravillosas” y se intentaba hacer nuevos negocios explotando la credulidad  y sencillez de los fieles.  El mal fue cortado de  raíz, pero al obispo le  costó no pocos dolores de cabeza.

Pero quizá la más grande obra que emprendió el obispo Chirichigno  fue la construcción del Seminario de Piura para la formación de los sacerdotes.

Desde 1731 hubo la primera intención de realizar o edificar un Seminario en la ciudad de Piura, pero por diferentes circunstancias no se llegó a iniciar. En 1943 se empezó la construcción del Seminario, sobre un área de 15 000 m2 en terrenos de lo que sería la Urbanización El Chipe al norte de la ciudad, donado por el señor Ramón Romero y familia, quien siempre estuvo presto a ayudar para que fuese factible el funcionamiento de esta casa de formación. Sobre esta casa fueron levantándose varios pabellones de dormitorios, Capilla, aulas, campo deportivo y demás compartimientos, que demanda un Seminario de estilo clásico moderno. Todo ello se llevó a cabo gracias al admirable esfuerzo de Mons. Fortunato Chirichigno, quien fue  ayudado por la feligresía piurana.

Hacia el año 1944 ya se había gastado más de 85 000 soles en esa obra que en aquel tiempo era la de mayor importancia que se realizaba en Piura.

En 1945 comienza el dictado de las clases a cargo de los Salesianos. Y en enero de 1947 se anuncia la próxima inauguración del Seminario. También se invita a los aspirantes acercarse ante la curia para tener información.

En junio de este mismo año se realizan una serie de campañas por las vocaciones sacerdotales (bajo los auspicios de la Juventud Femenina de Acción Católica y se transmitían por Radio Piura). Así mismo el 28  ese mes se organizó en Piura una colecta que recaudó la ponderable suma de $ 265.00. Es así que en un artículo del boletín Pensamiento Católico del 6 de julio de 1947, Nº 321, se publicaron algunos de los bienhechores del Seminario. A la vez se pedía a la comunidad piurana ayudar al Seminario ya sea rezando por el incremento de las vocaciones sacerdotales o cooperando con efectivo (limosnas aún las más pequeñas) o con materiales de construcción (o muebles). Todo ello a iniciativa o  con el patrocino  y beneplácito del obispo de Piura

Hacia agosto de 1947 en el diario El Tiempo se da a conocer que ya se habían gastado cerca de 300 000 soles en la construcción de este edificio, además añadía: “La historia sabrá apreciar todo lo que vale la gran obra que ha dado comienzo Mons. Chirichigno y que la Providencia, estamos seguros, hará que corone triunfalmente”

Finalmente, el domingo 11 de abril de 1948 se inauguró el Seminario diocesano, en el día del Buen Pastor. La sermonea de inauguración se inició a las 10 de la mañana con la celebración de la Santa Misa presidida por Mons. Chirichigno, a la cual asistió el cabildo diocesano, sacerdotes del clero regular y secular y muchas personas que con su generosidad habían hecho posible esta obra, fue tanta la distinguida y numerosa concurrencia que buena parte no pudo ingresar a la capilla. Finalizada la celebración eucarística el Pastor prosiguió a bendecir las obras terminadas.

El 14 de abril de 1948 fueron llegando los primeros seminaristas que iban “acomodándose” poco a poco en los ambientes que se podían usar: dormitorio común, comedor, capilla, sala de estudios y lugar de clases, baños y patio grande donde hacían recreo. Las duchas se usaron después, ya que los primeros días los nuevos seminaristas menores se lavaban y bañaban con una manguera en un tanque de agua. Los juegos se hacían en el patio con unos tableros de básquet y el fútbol en un terreno ubicado en la parte posterior.

El deseo de monseñor  Chirichigno para sus seminaristas era el siguiente: “formar a los aspirantes al sacerdocio en este santuario de estudio, de oración y virtud, morada de almas nobles y generosas, deseosas de consagrarse a Dios y a la salvación de los hombres”. Velaba  para que el  trabajo de formación se  realizara siempre sobre los tres pilares básicos recomendados por el Santo Padre  Pio XII: “Piedad, Sacrificio y Obediencia”

Otra de las grandes obras que emprendiera el primer obispo de Piura es la reconstrucción de la catedral que tras el terremoto de 1912,   la Iglesia mayor sufrió en general grandes daños pero se procedió a la restauración recién en la época de Monseñor Chirichigno, cuando el 29 de Febrero de 1940 fue creado el obispado de Piura, éste en seguida emprendió obras importantes como la adaptación de la antigua Iglesia Matriz a su condición de Catedral. 

El 2 de enero de 1953,  falleció el obispo, víctima  de cáncer al cerebro, se sintió profundo dolor por su muerte especialmente en la Iglesia de Piura y Tumbes. Sus restos fueron sepultados en un lugar destinado para la construcción de una capilla dentro del Seminario Diocesano de Piura. Hoy descansan en la cripta arzobispal del cementerio San Miguel Arcángel de Piura.

De esta manera he querido presentar la figura del primer pastor de Piura y Tumbes, un hombre que supo amar a Dios y cuyo único deseo era que Éste sea amado por todos, ello lo llevó a realizar, la que quizás se reconozca como su más grande obra, la fundación  y construcción del Seminario, pues  para que Cristo sea conocido por cada vez más personas, muchos son los que deben ir  a anunciarlo y a en su nombre administrar los sacramentos que proporcionan la salvación. El joven aprendiz de sastre de los talleres oratorianos se convirtió en el primer obispo  de Piura y empezó la confección de, como diría un correligionario suyo, santo Domingo Savio, “un hermoso pañuelo para el Señor”, en las calurosas tierras del norte del Perú.


BIBLIOGRAFÍA

Ramírez, Miguel Justino… Homenaje de Piura al VI congreso Eucarístico Nacional.- Piura, 1960.  120p.
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